El Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4 propone garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todas las personas. Pero cuando ese objetivo se lee desde el arte y la cultura, su alcance se amplía: no basta con el acceso, sino que importa el tipo de experiencia que la educación ofrece.
Una educación de calidad, en términos culturales, es aquella que no anestesia la percepción sino que la despierta. Que no reduce el conocimiento a datos transferibles sino que lo abre a la interpretación, al juicio y a la sensibilidad. Que reconoce en el arte no un complemento decorativo del currículo, sino una forma legítima y necesaria de conocer el mundo.
Desde Daasein entendemos que la cultura no es un sector separado de la educación: es su horizonte más profundo. La pregunta por cómo se forma una persona es, en el fondo, una pregunta cultural. Y esa pregunta no admite respuestas únicas ni soluciones estandarizadas.
Los ODS nos ofrecen un marco global. La cultura nos recuerda que ese marco debe llenarse con experiencias situadas, con comunidades concretas, con historias que no caben en los indicadores pero que determinan, silenciosamente, si una educación transforma o simplemente certifica.